El SIDA no entiende de culturas, sexos, fronteras o colores

sida
Fuente: Ministerio de Sanidad

Silvia Sáez | Valencia

Parece mentira que en pleno siglo XXI aún se asocie -prácticamente en exclusiva- el virus del SIDA a un colectivo, en concreto, al homosexual. Este virus extendido mundialmente no distingue entre raza, sexo, condición sexual ni tampoco respeta fronteras. Al parecer, para el El Correo  el virus de inmunodeficencia adquirida se expande entre los gays debido a su promiscuidad.

Así reza el titular: “El sida se expande entre los gays al aumentar la promiscuidad a través de internet”

En este titular advertimos el uso de términos que sostienen prejuicios, estigmas o prácticas de discriminación y exclusión por sexismo y homofobia.

Promiscuo/a es un término discriminatorio que se utiliza para designar a aquellas personas que mantienen relaciones sexuales con varios individuos en un período relativamente corto de tiempo. Esta descripción incluye a cualquier persona con más de tres parejas por año es considerada “promiscua”, independientemente de su orientación sexual. Pero esta palabra se usó de manera estigmatizante en relación con las comunidades de diversidad sexual durante la crisis del sida en los años ochenta y que por lo que observamos permanece perpetuada hasta la actualidad.

Recordemos que los usos del lenguaje pensados como producción de sentidos y valores, se relacionan con sujetos y procesos identitarios. Y, en este caso, los medios de comunicación tienen un papel crucial. Así lo apunta el Col·legi de Periodistes: los medios de comunicación deben velar para que no se fomenten prejuicios y menos aún que se cree un conflicto social.

En este caso, El Correo, actúa de forma contraria a lo recomendado y con la asociación de homosexual + promiscuidad= SIDA, ayudando a legitimar la desigualdad por exclusión y represión hacia algunos grupos a partir de la homofobia y el pánico sexual, estigmatizándolos y reduciéndolos a esos rasgos que se les atribuyen.

Los estereotipos en la información de medios escritos (como es el caso que nos ocupa) actúan como códigos que proveen pautas de comprensión sobre sujetos o grupos –habitualmente a través de su clase, color de piel, condición social, trabajo, ocupación, géneros u orientaciones y prácticas sexuales no normativas-transformando los prejuicios sobre algunos grupos en “acuerdos sobre la realidad”. Son usados para justificar y legitimar relaciones de poder y modos de autoridad. Perpetúan la desigualdad y la exclusión como problemas individuales que requieren permanente vigilancia y control.

Tienen la capacidad de producir gramáticas que crean identidades “descontroladas”, “promiscuas” o “peligrosas” a priori. Y así nos lo hacen ver afirmaciones como estas:

El auge de las infecciones de transmisión sexual entre los gays empaña el primer año en que el informe anual de ONUSIDA presenta datos realmente positivos”.

Algunos manuales de estilo como el de El País recomienda que este tipo de informaciones se deben contextualizar y se debería consultar con los movimientos antidiscriminatorios y antirrepresivos o con los colectivos involucrados cuando se informa sobre historias, experiencias o situaciones relacionadas con personas pertenecientes a esos colectivos. La inclusión de estas voces no sólo colabora con la riqueza y la complejidad de la información si no que fomenta la inclusión y una diversidad de voces.

Además, sugieren evitar caracterizaciones y “perfiles” que impliquen una naturalización del prejuicio:

“hay una tendencia global que es el crecimiento de la epidemia entre los hombres que mantienen relaciones sexuales con otros hombres”.

Viendo el cariz que toman estas afirmaciones no nos queda otra que denunciar los usos injuriosos o peyorativos de designaciones que perpetúan la desigualdad a través de la discriminación y la exclusión y, este artículo es una buena muestra de ello.

El aumento de casos de SIDA entre este colectivo aparecieron en otros medios de comunicación, aunque las informaciones de estos acusaron el aumento a una posible pérdida de miedo hacia la enfermedad y nunca debido a la promiscuidad que se les atribuye por el mero hecho de ser homosexual.

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