Aún con temor

Todavía son discriminados. | Iniciativa Venezolana contra la discriminación.

 Laura Mulatero | Valencia

Hace unos años cuando era una niña, una muchacha en la veintena nos interpeló en un centro comercial. La chica, obviamente incomoda y avergonzada, nos pidió, por favor, que le compráramos un bolígrafo, que era para pagarse las medicinas que la ayudarían a combatir su enfermedad: el Sida. Me quede desconcertada, nunca había oído hablar de ella, mas grave debía ser por la turbación que cargaba. Me dio lastima y sentí muchas ganas de abrazarla, de consolarla pues parecía llevar una cruz a cuestas. No entendía porque se sentía mal ¿Acaso enfermarse era culpa de alguien?

Aún no había aprendido el estigma social encadenado a la palabra.

De ese suceso han pasado más de diez años, y sin embargo la sociedad sigue anegada en la ignorancia. En Venezuela, según una encuesta desarrollada por AVESA, Aliadas en Cadena y ACCSI, el 80% expresan una completa aceptación de los portadores de VIH, el 74% afirma que es obligación de Estado atender sanitariamente a estas personas y el 92% aprueban que las medicinas se prescriban sin coste alguno para los afectados y resulta tarea de la administración el distribuirlas.

No obstante, hasta aquí llega lo bonito porque el 74% considera aceptable esterilizar a las mujeres infectadas para que no tengan hijos, mientras que el 44% defiende que se debería separar a las niñas y niños con Sida del resto de los infantes en los salones de clase.

Podemos pensar que esto sucede en países tercermundistas, que en España se encuentra erradicado, mas el Observatorio de Derechos Humanos VIH/Sida ha destacado que la mayoría de los casos de discriminación se producen en el ámbito sanitario y laboral, según un estudio de 2011. Además, el 20% de los españoles piensa que el nombre de los enfermos de VIH debería hacerse público, y un 19% respalda la separación social de estos para evitar problemas.

El primer caso de esta afección se diagnostico hace treinta tres años, en junio de 1981, y a pesar de que se ha avanzado bastante en su lucha y detección, todavía nos paralizamos. Aunque sepamos que por compartir un abrazo, un apretón de manos, una agradable conversación en un bar, una tarde de cine, una salida de copas no nos vaya a pasar nada, aun seguimos renegando, rechazando, insultando, evitando, degradando.

Y tú dirás: Ya pero eso no es conmigo. A mí no me afecta. Yo no conozco a nadie así.

¿Y si el enfermo fueras tú? ¿Tú hermano? ¿Tú mejor amigo o amiga? ¿Tú padre? ¿Tú madre? ¿O aquella persona que más quieres y admiras?

¿Qué pensarías?

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