El problema de generalizar los hechos

Captura de la noticia de El Mundo
Captura de la noticia de El Mundo | elmundo.es

Noemí Sánchez | Valencia

La valla de Melilla comenzó a construirse en 1998 y consiste en 12 km de dos vallas paralelas de seis metros. En 2007 se añadió entre ambas un tercer obstáculo, conocido como “sirga tridimensional”, un entramado de cables de acero anclados con estacas de diferentes alturas, de uno hasta tres metros, que impide el paso tensándose al apoyar peso en él. Estos muros metálicos, son una barrera física no real, cuyo único propósito es dificultar el paso de inmigrantes. De hecho en 2005 se instalaron cuchillas que provocaban cortes en manos y piernas a quienes intentaban saltar. Tras varias denuncias José Luis Rodríguez Zapatero, presidente del gobierno en esos momentos prometió quitarlas y en 2007 fueron sustituidas por la sirga tridimensional antes mencionada. Sin embargo en 2013 el Ministerio del Interior volvió a colocar estas cuchillas en los alambres de la parte alta de la verja a lo largo de un tercio del recorrido.

Desde Marruecos, la persona que quiera entrar a Melilla debe pasar una carretera perimetral, una doble alambrada de espino, una zanja de tierra de dos metros de profundidad y cuatro de anchura y finalmente una pista de seguridad repleta de fuerzas auxiliares y puestos de vigilancia antes de toparse con la valla. A estas medidas físicas hay que sumarle otras de tipo tecnológico, como una alarma temprana que salta cuando alguien se apoya en la parte exterior de la valla; el sistema de focos cegadores que se activa a la vez que la alarma exterior; el sistema de cámaras móviles que enfocan automáticamente hacia el punto donde se ha detectado el movimiento y el sistema de luces de alarma y sirenas que avisa de forma visual y sonora del punto donde se detecta un movimiento sospecho. Una vez pasada la valla, el inmigrante se encuentra con los helicópteros de la Policía y la Guardia Civil, las torres de vigilancia instaladas cada 500 metros y las patrullas de vigilancia que cuentan con visores nocturnos y térmicos.

En 2005, el año denominado como “la crisis de las vallas”, en solo tres semanas consiguieron entrar en Melilla entre 1.500 y 2.000 personas. En total fueron 3.245. En 2010 entraron 1.040 personas sin permiso en Melilla y en 2011, 1.940 casi el doble que el año anterior. En 2012 más de 2.100 y en 2013 se produjo un nuevo descenso a 1.074 personas y en lo que llevamos de 2014 esa cifra ya se ha duplicado, cerca de 2.000 personas han conseguido el objetivo.

En esta noticia del periódico El Mundo del 17 de octubre de 2014 trata sobre “la nueva arma” de los inmigrantes para conseguir entrar en Melilla, que no es otra que el miedo de los agentes al virus del ébola. En el manual “Inmigración y refugio en los medios de comunicación” realizado por ongrescate.org y patrocinado por la Generalitat Valenciana, se incorporan dos reflexiones sobre el papel de los medios sobre el tema que estamos analizando. Para Andreu Casero, profesor de la Universitat Jaume I, el periodismo asocia a menudo inmigración e ilegalidad. Y, además, presenta al inmigrante como trabajador antes que como persona: “esta modalidad discursiva lo convierte en una mercancía, sólo aceptada en función de si su concurrencia es necesaria para la correcta marcha del mundo del empleo”. También el profesor de Ética y Filosofía Política de la Universitat de València, Juan Carlos Siurana, apunta por su parte que mencionar la procedencia de los involucrados en sucesos negativos conduce a que la gente identifique determinadas nacionalidades con comportamientos reprobables.

Como indican varios manuales como el de ongrescate.org, uno de los principales debates semánticos corresponde al uso de la palabra “ilegal”. “Para empezar, ninguna persona es “ilegal”, en todo caso, lo son sus acciones. Como mucho, puede encontrarse “indocumentada” en el ámbito administrativo al carecer de permiso de residencia.” Lo mismo sucede con el incorrecto apelativo “sin papeles”, o los términos “regular” e “irregular”, que afectan, más bien, a los cauces por los que alguien entra a un Estado. Aunque en esta noticia no aparece en ningún momento la palabra “ilegal” si que encontramos “ahora, los sin papeles han dado un paso más allá”. El manual de estilo sobre Minorías étnicas del colegio de periodistas de Cataluña recomienda “evitar el lenguaje con prejuicios genéricos: ilegal, indocumentado o sin papeles”.

Una de las características que predomina en los textos que tratan sobre inmigrantes es la falta de diversidad de fuentes. En este caso la periodista tampoco consulta a los propios protagonistas de la noticia y solo se basa en las fuentes institucionales como la Delegación del Gobierno y la Asociación Unificada de Guardias Civiles. El manual Inmigración y refugio en los medios de comunicación señala este problema “pese a protagonizar las noticias, los inmigrantes resultan con demasiada frecuencia ignorados como fuente informativa. Si bien el miedo puede volver a estas personas reticentes a declarar y existen barreras lingüísticas, los investigadores detectan cierta reticencia (más por descuido y mala costumbre que por intencionalidad) por parte de los periodistas a acudir a ellos para nutrir sus informaciones. Priman las fuentes oficiales”. Asimismo el manual de estilo sobre Minorías étnicas recomienda “ecuanimidad en las fuentes de información. Es necesario contrastar las versiones institucionales”. En este sentido en esta noticia ni tan siquiera se consulta con alguna ONG para que pueda aportar la mirada de las personas que deciden intentar saltar la valla. E incluso solo se nombra una vez, que se han producido denuncias de la asociación Prodein sobre las “devoluciones en caliente y el trato que algunos agentes dieron a inmigrantes que estaban encaramados a la valla y se negaban a bajar” y en vez de consultar con ellos se limita a reproducir directamente unas declaraciones de la Asociación Unificada de Guardia Civiles para negar esta afirmación. Por ello, como indica ongrescate.org “el periodista se suele limitar a reproducir, exentos de crítica o análisis, los discursos políticos que plantean el tema migratorio en términos de conflicto”. Y recomienda que aunque los entrecomille, conviene que el redactor introduzca visiones complementarias, al menos en una frase, que incite la reflexión.

El Observatorio Europeo del Racismo y la Xenofobia de Viena en “El racismo y la diversidad cultural en los medios de comunicación. Panorama general de investigación y ejemplos de buenas prácticas en los estados miembros de la UE, 1995-2000” resalta que “en general, hay que intentar pasar de hablar “sobre” inmigración, para hablar “con” los inmigrantes. Y esto pasa por dar la voz a los propios inmigrantes y reflejar la posición de los inmigrantes y de las minorías en el conjunto del tratamiento mediático, y no sólo en los temas que les conciernen directamente”.

Una de las cosas que más llama la atención de la noticia es como la periodista explica el tipo de acciones que realizan estas personas para no ser “capturadas” por los policías, encontramos las siguientes afirmaciones: “han recurrido durante meses a estrategias útiles en persecuciones como saltar prácticamente desnudos o incluso embadurnados de heces” o “un marroquí vació sobre la cara de un guardia civil una jeringuilla llena de sangre. Aquel agente estuvo meses con el miedo metido en el cuerpo por si hubiera contraído alguna enfermedad, un temor que también se traslada a sus entornos familiares”. El manual de estilo del colegio de periodistas de Cataluña recomienda no potenciar “las informaciones negativas ni las sensacionalistas. Hay que evitar crear inútilmente conflictos y dramatizarlos”. Y también señala que “es necesario evitar las generalidades, los maniqueísmos y la simplificación de las informaciones”, la periodista en este caso ha puesto como ejemplo varias acciones que quizás sí algunas personas lo hayan utilizado pero no tiene que ser generalizado. Serán en muchas veces de acciones aisladas pero que no ayudan a mejorar por parte de los medios la imagen que se tiene de estas personas.

El manual Inmigración y refugio en los medios de comunicación recomienda equilibrar las noticias con las negativas y reflexionar sobre las causas y consecuencias de los hechos relatados. Y por ello, señala que “el periodista debe poner cada situación en su sitio. Esto es: contar la información de modo responsable, sin faltar a la verdad, y alejándose de los estereotipos. En definitiva, aplicar a los temas inmigratorios el código ético que debe asistir al ejercicio profesional”. Según los profesores Siurana y Gracia, “la fragmentación y descontextualización de la información, sin referencia a las causas y a las consecuencias, y sin una adecuada interpretación de los sucesos y acontecimientos” representa una de las estrategias de exclusión comunicativa. Las circunstancias que condicionan un acontecimiento son ineludibles para que los receptores de la información puedan formarse una imagen completa, y correcta, de los motivos que lo ocasionaron. Y en el caso de las migraciones, para comprender un fenómeno que afecta a toda la sociedad.

Lee la noticia aquí.

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