No es feminismo, se llama respeto

Marta Gozalbo | Valencia

¿Quién no se acuerda de Billy Elliot? Aquella famosa película de Stephen Daldry en la que un niño de 11 años (Jamie Bell) lucha contra los estereotipos y prejuicios de un pueblo de mente cerrada, con unas zapatillas de ballet como símbolo que le pone en contra de todos sus vecinos y, a veces, incluso de sí mismo por querer ser bailarín y no boxeador. Aquel film que conmocionó a la generación de los 90, fue una demostración de que en la vida, no hay nada más maravilloso que sentirse auténtico para ser verdaderamente feliz.

¿Por qué los chicos deben boxear y las chicas bailar? ¿Por qué un chico debe jugar con pistolas y pelotas y las niñas con muñecas o cocinitas? ¿Por qué hasta los colores deben tener identidad sexual? ¿Si un niño prefiere el rosa al azul es gay? ¿Si una chica juega al fútbol es un marimacho? ¿Por qué permitimos que los roles implantados en la sociedad sigan en ella y no queden obsoletos por ser auténticamente banales, sin fundamento o simplemente absurdos? ¿Quiénes hacen que estos perpetúen? ¿Nuestros padres al educarnos? ¿La cultura por implicarlos? ¿Los medios de comunicación por extenderlos y mantenerlos, quizá?

Los mass media son una gran herramienta para instaurar ideales a través de la selección del lenguaje, imagen y/o sonido. Si son ellos los que, a través de sus voces mantienen arraigados los roles de género, probablemente, también sean la herramienta para revertir esta situación. Para “atacar” a las mentes de la sociedad que ellos mismos han ido moldeando y, tal vez así, conseguir que se empiecen a producir los cambios que durante años se van persiguiendo y no hacen más que retrasarse año tras año. Por ello, varios colectivos tratan de convertir sus misiones o iniciativas en virales en el nuevo universo Internet.

FCKH8 tiene nueva campaña: “Princesas malhabladas”. Esta muestra a niñas de entre 6 y 13 años que nos cuentan que ya no quieren ser princesas. Utilizando palabras malsonantes, la campaña busca empoderar a la mujer. Y a expensas de generar polémica entre la sociedad, una de las niñas espeta: “¿Qué es más ofensivo: oír a una niña diciendo “joder” o la “jodida” desigualdad de géneros?

El vídeo empieza con cinco niñas vestidas de princesas Disney llamándose “bonitas”, hasta que una de ellas dice: “¿Qué cojones?”. Como liberándose de los convencionalismos de su edad y género, comienzan a decir frases como “soy jodidamente poderosa” o “estoy preparada para el éxito”.

Según el vídeo, los datos de desigualdad entre hombres y mujeres continúan siendo alarmantes: las mujeres cobran un 23% menos que los hombres por el mismo trabajo (como también aseguró Emma Watson en su reciente intervención en la ONU) y una de cada 5 mujeres son violadas o sexualmente agredidas como resultado de la violencia de género.

Estas princesas palabroteras exigen a la sociedad que deje de convencernos de que “las tetas y los culos son más importantes que nuestro cerebro”, porque como una de ellas dice “mis aspiraciones no tendrían que ver con la forma de mi culo”.

Al final del vídeo, un niño vestido de princesa denuncia que “cuando le dices a un niño que no actúe como una niña es porque crees que ser niña es malo”.

No se trata de que unos sean más que otros, de que los sexos nos diferencien. Se trata de derechos, se trata de igualdad, se trata de convivir. Pero sobre todo, se trata de respecto al ser humano.

No hay colores. No hay sexos. Hay personas.

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