Violencia de género: la otra cara de la moneda

Spot ONG Mankind contra el maltrato masculina #ViolenceIsViolence. | Londres, Reino Unido

Laura Mulatero | Valencia

Cada tanto tiempo vemos en las noticias la muerte o el grave daño sufrido por una mujer a manos de su pareja. Entonces se encienden la alarmas y las personas que trabajan para erradicar la violencia de género, ya sea desde la administración u ONG, se llevan las manos a la cabeza, regañando a los medios de comunicación: que solo se preocupan por el tema cuando ocurre una tragedia, que no hacen nada por educar a la población en este aspecto, que los abusos comienzan mucho antes, que en si las estructuras de culturalización como la publicidad o grandes proyectos audiovisuales las promueven… Y se lanzan campañas para reeducar a la población, seminarios y actividades donde se les explica a las mujeres lo valiosas que son, se abren oficinas donde recibir y tratar u orientar a las maltratadas, etc. Pero nunca se preguntan por el otro lado: los hombres maltratados por las mujeres.

Según La Secreteria Xeral da Igualdade de la Xunta de Galicia:

Se entiende por violencia de género cualquier acto violento o agresión, basados en una situación de desigualdad en el marco de un sistema de relaciones de dominación de los hombres sobre las mujeres que tenga o pueda tener como consecuencia un daño físico, sexual o psicológico, incluidas las amenazas de tales actos y la coacción o privación arbitraria de la libertad, tanto si ocurren en el ámbito público como en la vida familiar o personal. (Ley 11/2007, del 27 de julio, gallega para la prevención y el tratamiento integral de la violencia de género).

Ni siquiera se les tiene en cuenta en España, a pesar de que sea más frecuente de lo que imaginamos (40% en Reino Unido la padece), no obstante los hombres no vendrán a declarar, ya que en la sociedad que vivimos se les enseña a que ellos son fuertes, a resistir estoicamente ante todo, a que deben proteger a la mujer, a no mostrarse vulnerables, que los sentimientos como la tristeza y sus demostraciones resultan algo ajeno a ellos; aquello mundialmente conocido como la hombría. Por ello, cuando se observa que un hombre se deja abusar por un ser físicamente inferior aparecen signos de incredulidad, o peor, la risa, porque según los demás, él está haciendo el “ridículo”, pero si se trata de una mujer se la trata de víctima.

Tampoco se atreverán a acudir a las autoridades, debido a que el resultado puede ser contraproducente, como se demostró la película Men don’t tell, en la cual Ed (Peter Strauss), el marido maltratado, fue apresado por la policía al creer que fue él quien tiró a su esposa Laura (Judith Light) por la ventana, y cuando intentó explicar el abuso del que es objeto, los agentes lo detestaron más por mentiroso.

Si nos consideramos verdaderos y verdaderas feministas, que desean acabar con la desigualdad, debemos aceptar que la violencia existe en ambos sexos, que no por ser unos más fuerte, físicamente hablando, no puedan ser víctimas y requerir atención. Pues la capacidad de defenderse no recae únicamente en la musculatura, sino también en lo psicológico, en la autoestima, en conocerse, saber decir que no y buscar lo mejor para uno sin dañar al otro. Por ello se ha de educar y reeducar a los hombres en que ellos también son seres humanos que sienten, aman y sufren, siendo válido tan para ellos pedir ayuda  como las mujeres como ocurre en Gran Bretaña con la ONG ManKind.

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