La terapia de choque

conquista shock
Escenificación de la conquista americana. | Relpe.org

Laura Mulatero | Castellón

Un shock o choque es un estado de gran conmoción como consecuencia de un hecho impactante y, normalmente negativo, en la persona que lo padece. Sin embargo, en este contexto, nos referimos a la perdida de la historia, de raíces de un pueblo como ocurrió con la colonización de Estados Unidos efectuada por Gran Bretaña, en la cual masacraron a los indígenas y refundaron dichas tierras, dejando del pasado que precedió a los anglosajones, solo despojos.

En realidad, desde los tiempos inmemoriales de la historia de la humanidad, siempre ha habido terapias de choque cada vez que una civilización invadía a otra, mas nunca de una manera tan maquiavélica. Aunque creamos que ya estas cosas no suceden, que vivimos en un mundo donde existen los derechos humanos, el documental The shock doctrine nos demuestra lo contrario.

Según esta cinta, la idea fue retomada en dos sitios: el primero en unos experimentos llevados a cabo por Donald Cameron que, a través electroshock, buscaba borrar la memoria de sus pacientes y reescribirlas a su gusto. El segundo se trataba de un shock económico enjuiciado por el director de la escuela de economía de la Universidad de Chicago, Milton Friedman.

Friedman defendía la no injerencia del Estado en ninguna faceta de la nación, especialmente la económica, donde afirmaba que la máxima independencia traería beneficios y libertad a la población. Eso sí, para aplicar las medidas de desregulación es necesaria la existencia de una crisis, pues resumiendo sus propias palabras: una verdadera crisis, o la percepción de una, permite hacer cambios que se tomarán según las ideas que floten en el ambiente. No obstante, como esto no se podía realizar en EE.UU, el economista y sus acólitos escogieron otro lugar, lo suficientemente lejano para que no los manchara, pero lo suficientemente cerca para dirigir la operación con eficacia: Chile.

Chile

En los años 70, el país andino era uno de los pocos en Latinoamérica con una democracia de izquierdas funcional, con un deje de “comunista” como dirían los estadounidenses asustados porque nacionalizaran sus empresas. Un sitio perfecto, pues “Chile estaba enfermo y nosotros traemos la cura” como afirmó más tarde Friedman en una reunión con Pinochet. Empezaron con una inoculación suave: becando estudiantes de dicho país para que fueran a estudiar economía en la Universidad de Chicago y, una vez regresaran, dieran clases y formarán una elite llamada los Chicago Boys.

pinochet
El dictador Augusto Pinochet

Sin embargo, esto no detuvo que salvador Allende ganara las elecciones ¡El primer socialista en hacerlo! Y encima propugnó la nacionalización de varias compañías. Eso fue demasiado para el gobierno de Nixon, que no dudó utilizar toda su artillería y preparar un golpe de estado con un grupo militar a cambio de que les dejaran probar sus hipótesis económicas.

Así sucedió, y, después de un año y tres shocks, la ya teoría no acababa de fraguar, más bien, la economía chilena no hacía más que hundirse en un pozo sin fin.

El problema del libre mercado es que, llevado a su último fin, si generará riqueza como Friedman predijo, pero solo a un grupo limitado, el resto de la población se empobrecerá hasta la rabia ¿Por qué sucede esto? Porque el nulo control de las actividades mercantiles y financieras conlleva a que las compañías de un mismo sector acuerden un determinado precio mínimo para vender sus artículos, o que dichas empresas queden en manos de unos pocos como ocurre en España con el sector audiovisual (Tele5 y Cuatro son de Mediaset, Antena 3 y la Sexta de Atresmedia y La1 y La2 de TVE).

Para que la economía chilena diera un vuelco tan vertiginoso (de un sistema intervenido a un libre mercado) tuvieron que producirse tres shocks: el de la guerra, que fue el golpe de estado y la muerte del líder del anterior gobierno (lo que permitía realizar un borrón y cuenta nueva); el económico, es decir, las medidas encaminadas al libre mercado mientras la gente aun no despertaba de la anterior sacudida y un continuo choque represivo en pos de que la gente no se levantara por el miedo.

¿Y qué nos queda para el futuro?

Como hemos visto, la doctrina del choque refleja el pensamiento darwinista de Milton Friedman, pues no importa cuántos se hayan de sacrificar para obtener fin superior. Mas no contó con la naturaleza humana que es renuente a degradar su nivel de vida sin su consentimiento y sin ver oportunidad de mejora en un futuro próximo. Ya lo mencionó Margaret Thatcher en una ocasión en la que le preguntaron por qué no aplicaba las mismas medidas que en Chile: en una democracia que se define como un consenso, las personas no aceptarán variar su estilo de vida de una forma radical si ello no trae suficientes beneficios en un plazo de tiempo razonable. Por ello tuvo que esperar a que terminara la Guerra de las Malvinas y que la ciudadanía estuviera encandilada para comenzar su reforma, y no sin la oposición de grandes núcleos de población como el sindicato minero. En este sentido, cuando le dan a la gente la oportunidad de escoger suelen declinar la idea del libre mercado y todo lo que ello conlleva como pasó diecisiete años después en la nación latinoamericana en el plebiscito de 1988 en el cual los chilenos eligieron la democracia, como se muestra en la película “No” estrenada en 2012.

Sin embargo, existe otra vía de escape que utiliza un colectivo cuando tiene la percepción, real o ficticia, de que es sometido y es que, a veces, prefiere irse al otro lado, voltear la tortilla, destruir el sistema y ganar voces que antes eran impopulares, que no poseían cabida y que ahora presentan una gran aceptación como predijo la estadista Belén Barreido con el fenómeno “Podemos” hace dos años y que recalca en su entrevista a “Jot Down”.

Se debe tener cuidado al aplicar medidas que, a la larga serán impopulares, teorías en las que el bien común se encuentra relegado a un segundo plano o en las que se hipoteque demasiado el presente para un mañana mejor, ya que la población no esperará a otros tiempos; ellos se rigen por su reloj vital y cegados por un cambio rápido y voz afable, escogen alternativas que, a veces, pueden resultar peores que la propia realidad.

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